lunes, 20 de octubre de 2008

Voto a voto: el registro electoral en Estados Unidos

A fines de septiembre en Filadelfia, presencié un acto en el que Michelle Obama, entre otros, convocaban a los presentes a hacer el primer gran esfuerzo de la campaña presidencial americana: registrar a todo homo erectus que ande suelto.
En Estados Unidos el voto no es obligatorio. No existe un ‘padrón’ permanente tal cual conocemos en Argentina y América latina. Por eso, el registro adquiere una importancia vital a estas alturas de la campaña. Cada voto cuenta. Por eso, los jóvenes voluntarios, el gobernador de Pensilvania, el alcalde de Filadelfia y las esposas del ‘ticket presidencial’- Michelle y Jill, dedicaron un tercio, o más de sus discursos, a comprometer a los presentes a ‘registrar a las veinte personas’ que seguro saben no están registradas y luego convencerlos de que voten a Obama.
‘Vecino, éstas registrado?’, ‘Vecino, quieres venir a la oficina local de Obama?’ eran las preguntas que el joven voluntario Mario Copton, de chaleco azul, camisa blanca y corbata ‘xeneise’ hizo repetir a las cientos de personas presentes como si estuvieran repasando el guión de una ‘sitcom’ emitida en el ‘prime time’. No importa si es Argentina, Bolivia o Ucrania acá también cada voto cuenta.
Entre los panfletos en blanco y negro, fotoduplicados y bien baratos, uno invitaba a la ‘watch party’ para ver por televisión el primer debate que tendría lugar este viernes (McCain ha suspendido de campaña y está en dudas). Otro ofrecía un largo listado con los teléfonos, direcciones, emails y nombres de las personas que ‘lideran’ el trabajo barrial invitando a acercarse a las ‘mesas’ de los sábados y domingos para ayudar a promover el registro de electores y promover la candidatura de Obama.
A la entrada del acto que tuvo lugar en un centro de recreación de un barrio de clase baja y mayoría negra del suroeste de Filadelfia, vendedores ambulantes vendían botellitas de agua, paraguas con la leyenda de Obama, decenas de remeras, centenares de ‘botones’, hasta relojes con la cara del candidato. Sólo faltaba el olor a choripán. Eso sí no dudaron en levantar sus puestos en segundos al ver que dos policías se acercaban.

1 comentario:

  1. faraway, so close
    El problema es como reconstruir, reinventar, mejor, el lazo entre la clase política y la ciudadanía en Argentina. También se trata de modificar las estructuras partidarias, abriendo las internas para involucrar a los ciudadanos, haciendo permeable la institución partidaria, que se cerró sobre sí misma, desnaturalizándose en el proceso. Pareciera que en Argentina los partidos cobran alguna relevancia para la sociedad sólo durante las campañas electorales, y ni siquiera en ese momento parecen tener peso propio, porque la figura del candidato los opaca, se los traga, transformándolos en un mero soporte, marco estructural necesario para presentar una candidatura, gran herencia caudillista...el resultado es un vínculo que además de débil aparece como esporádico, y en el medio nosotros, entre las ideas y los choripanes, jejej

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