sábado, 8 de noviembre de 2008

We the people

En estas últimas semanas, decenas de ciudadanos americanos me dijeron que si Barack Obama no ganaba, la gente dejaría de creer para siempre en la democracia. Las irregularidades en las elecciones de 2000 y 2004 habían puesto en terapia intensiva a la democracia moderna más sólida del mundo. Inmediatamente después de la controvertida elección de 2000, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley que promovió la reforma y el fortalecimiento de las decenas de sistemas de elecciones vigentes en este país.

Llamativamente para nuestros estándares, la democracia de Estados Unidos no prevé el voto obligatorio. Cada ciudadano en condiciones de votar debe inscribirse en el registro electoral. No se trata de un trámite sencillo y generalmente aquellos con menor información y posibilidades suelen quedar afuera. El primer acierto de la campaña de Obama ha sido apuntar a un masivo incremento del registro de electores. El 4 de noviembre millones de jóvenes y adultos votaron por primera vez.

Varios estados prevén el sistema de ‘votación temprana’ dada la gran cantidad de electores y la sorprendentemente baja cantidad de lugares de votación. El segundo acierto de la campaña de Barack Obama ha sido la promoción masiva del voto temprano. Millones de ansiosos y previsores ciudadanos votaron antes del 4 de noviembre.

La comunidad negra y los jóvenes han permanecido masivamente al margen de las elecciones en Estados Unidos. El desinterés y el desencanto no sólo han dado por las complicaciones del registro electoral sino también por la falta de un liderazgo y un movimiento político capaz de integrarlos y comprometerlos. El tercer acierto de la campaña de Obama ha sido la movilización masiva de estos sectores de la sociedad americana.

El uso de las tecnologías de información para difundir ideas, reclutar voluntarios y obtener pequeñas donaciones ha cambiado la historia de las campañas políticas. La organización comunitaria de base, la movilización masiva de voluntarios de todas las edades y colores, y la política ‘puerta a puerta’ revitalizaron el compromiso y la movilización ciudadanos recordando que la cercanía y la confianza con esenciales para la recuperación de la política. El cuarto acierto de la campaña de Obama ha sido una forma de movilización microscópica, incremental y hasta hace unos meses, insospechada.

Hasta aquí Obama ha sabido liderar un movimiento que ha recuperado valores y prácticas tradicionales de la cultura cívica y política americana: la participación, el voluntariado, el asociacionismo, la confianza interpersonal y en el sistema institucional.

El triunfo y el cambio que Obama encarna son el triunfo y el cambio que ha producido la participación masiva de los ciudadanos. Esa participación que se ha manifestado en millones de votantes, cientos de miles de mensajes de texto, millones de correos electrónicos y llamadas, y cantidades de inagotables caminantes que golpearon cuanta puerta se les puso adelante e invitaron a creer que el cambio era posible.

La emoción y la felicidad en la cara de los millones de personas que se volcaron a las calles anoche en Estados Unidos contagia. Permite creer nuevamente que el cambio es posible pero que sólo lo es y será si todos y cada uno somos protagonistas. Obama hizo historia. Su calma, su humildad y su inteligencia enamoran. Sin embargo, jamás sería quien es hoy sin la participación activa, comprometida y responsable del pueblo de los Estados Unidos. Más que nunca tres palabras vibran hoy en el más profundo de los sentimientos del sueño y la sociedad americana: We the people.

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