sábado, 4 de abril de 2009

Gracias por los sueños

Pocas veces en la vida una persona puede marcar el presente y el futuro de millones. Raúl Alfonsín lo hizo y lo hará. En 1983 yo tenía 10 años. Ese año y ese hombre me marcaron para siempre.
La democracia, las libertades, los derechos y la justicia eran y son los caminos para cumplir el sueño del desarrollo con inclusión y la justicia social.
Alfonsín era un romántico: sentimental, generoso y soñador. En estos días frente a su muerte, brotan nuevamente esos valores que lo han hecho el líder político democrático respetado que es y ha sido: la coherencia, la perseverancia y la franqueza.
En los líderes políticos como Alfonsín, la honestidad no es una cualidad distintiva. Simple y sencillamente es su esencia.
Alfonsín hizo su carrera política sin asesores de marketing, casi sin encuestas y sin bótox ni dentaduras postizas. Hizo una carrera brillante: duro para el debate, buen amigo y leal como lo han marcado sus cercanos, incansable y temperamental, simple y humilde, respetuoso.
Entre todos los discursos que escuché en estos días me conmovieron las palabras de Antonio Cafiero en el Cementerio quien dijo que ante todo Alfonsín era un soñador. Pero era un soñador que no soñaba solo, soñaba con otros.
Con mis diez años en 1983 soñé con Alfonsín, como sigo soñando hoy y seguiré mañana.
Gracias por los sueños.
Gracias Raúl.

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