jueves, 25 de febrero de 2010

No vivo en un tupper

Mi último posteo, escrito entre el humor y la ironía, generó un comentario que prefiero responder desde aquí.

Textualmente dice: 'Ayer en la cuadra del Congreso de la Nación, un pibe me pidió muy amablemente si le podía comprar un bandejan (sic) de estafado (sic) con arroz para darle de comer a sus dos hermanitos. Señora diputada: ¿Le parece a usted que un despacho sucio es una prioridad?'.

Querido amigo, su pregunta se responde sola: definitivamente la limpieza de los despachos no es una prioridad. Se ve que me conoce poco.

La pauperización se ha agravado y ha mutado en la última década. Avanza en cantidad y en profundidad. Al menos dos generaciones viven una pobreza indigna sin haber tenido oportunidad de conocer una realidad diferente.

Los estudios del Observatorio de la Deuda Social de la UCA demuestran que cada vez hay más pobres en la Argentina. (No puedo citar al INDEC lamentablemente por razones de público conocimiento. Ver posteo anterior al respecto).

Los estudios de Transparency International y otros demuestran que cada vez hay más corrupción en la Argentina.

Pobreza y corrupción son las dos caras de esta triste realidad.

Muchos de los pobres no sólo lo son por ingresos. Las personas que viven en situación de pobreza no tienen oportunidades, ni proyectos ni sueños. Según Amartya Sen, no pueden alcanzar niveles dignos de desarrollo humano para ser felices. Entre los pobres, los jóvenes 'nini' (que ni estudian ni trabajan) son producto de la desidia, del no te metás, de las políticas ineficaces y de la corrupción. Los más chicos son los que más sufren la falta de justicia social. Ni que decir aquellos que viven en la ruralidad y en las zonas más alejadas.

La corrupción anida en el centro del poder político y económico de este país.

Esa corrupción no ha variado mucho entre el menemato y la década K.

Esa corrupción se ha llevado mucho de los recursos de los pobres a cuentas en Suiza o a inversiones hoteleras espurias y compras de tierras fiscales poco transparentes. Esa corrupción te mata (pensemos sólo en la mafia de los medicamentos truchos). Esa corrupción hizo que los jefes sindicales se transformen en gordos capitalistas dueños de empresas y olviden defender los derechos de los trabajadores a los que supuestamente representan. Esa corrupción hace del matrimonio presidencial argentino uno de los más ricos de la región con la peculiaridad de que han sido funcionarios públicos por décadas.

El principio del saqueo sigue intacto, sólo ha cambiado el contexto.

La impunidad de los corruptos sigue intacta igual que en los noventa.

Más de una vez he comprado platos de comida para otros, regalado ropa o dado una moneda temiendo que si ese chico no llevaba nada a su casa sufriría una terrible golpiza.

No puedo soportar que en nuestro país se siga discriminando a las comunidades indígenas privándolas de acceso al agua potable, cloacas, alimentos y tratamientos médicos (Sugiero informarse sobre la muerte de Paulino, el señor toba, que se acostó a esperar que el dolor pasara y la muerte lo alcanzara con su biblia en mano porque en el hospital de Formosa no quisieron atenderlo - ver informe de Telenoche).

No me banco que se utilice a los más pobres para que aplaudan en actos truchos a cambio de un plan social miserable cuando lo que reclaman es trabajo y oportunidades para sus hijos.

En los cuarenta mis abuelos eran pobres. Vivieron una pobreza digna. Pudieron ir a la escuela pública y tener un trabajo. Criaron una familia y educaron a sus hijos. Trabajaron toda su vida, pagaron sus impuestos y este país los 'reconoció' con una jubilación mínima avergonzante e inmoral.

Querido amigo: trabajo para que las cosas cambien. Para que vos puedas seguir pensando y diciendo libremente lo que quieras, para que los pibes vayan a la escuela, tengan una educación de calidad y puedan proyectarse, para que los viejitos vivan mejor los últimos años de sus vidas y para que los ladrones corruptos vayan a la cárcel.

Querido amigo, quédese tranquilo: no vivo en un tupper.

1 comentario:

  1. Coincido. Las prioridades no son los despachos ni las oficinas con aire acondicionado.

    Está claro que ni Menem ni Kirchner cambiaron desde abajo el grave problema del país de la solución facilista. Del subsidio, el bolsón, el electrodoméstico navideño.

    Necesitamos políticas que generen trabajo en serio, trabajo posta. Más empresas, fábricas y comercios que pidan gente capacitada para que más jóvenes quieran salir a educarse para trabajar. Y mejor educación, claro.

    Tenemos que terminar con la situación de crisis/recuperación que siempre deja a millones afuera y unos cientos más adentro.

    Mientras tanto, mientras sea más fácil convencer por el estómago y no por la cabeza, va a ser más difícil que los políticos quieran cambiar el sistema en serio.

    Saludos diputada! =)

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