viernes, 18 de noviembre de 2011

Preservar el cupo femenino

Comparto mi opinión sobre el cupo femenino y el caso Pucheta - Castells, publicada hoy en el diario Clarín.


La ley 24.012, más conocida como “Ley de Cupo Femenino” cumple con el mandato establecido en el artículo 37 de nuestra Constitución Nacional, que garantiza a las mujeres la igualdad “real” de oportunidades y su acceso efectivo a los cargos públicos .

Es incuestionable el impacto cuantitativo y cualitativo que esta norma ha tenido en la democracia argentina. Y así es reconocido por especialistas y organismos internacionales.

Durante 20 años, esta ley intentó ser ultrajada por viejas trampas de la política argentina.

Sin embargo, en sucesivas interpretaciones judiciales y políticas se ha garantizado su cumplimiento.

El caso de la potencial renuncia de la diputada electa Ramona Pucheta, electa por la fórmula Alianza Compromiso Federal -que llevaba como candidato a Presidente a Alberto Rodríguez Saá-, en favor de Raúl Castells nos obliga, una vez más, a ejercer una defensa implacable de esta la ley. Después de los casos en el Senado de Isabel Viudes en 2001 y Alicia Kirchner en 2007, la reacción de la Cámara de Diputados está cantada: se impugnará el diploma de Raúl Castells y se tomará juramento a la siguiente mujer de esa lista.

No se trata de una cuestión de clase, ni de una cuestión personal. Vivimos en un Estado de Derecho y las leyes fueron hechas para cumplirse. El MIJD cuenta hoy con una banca porque obtuvo los votos necesarios para acceder a ella.

Quien resultó electa no sólo lo ha sido por su condición de militante sino también por ser mujer . Si Pucheta renuncia, el MIJD perderá la banca porque la mujer que sigue en la lista pertenece a otra extracción política.

El cupo femenino excede a las mujeres. Se trata de un derecho de toda la sociedad a contar con representación de la mitad más uno de la población.

Si la ley electoral sólo exigiera a los partidos la obligación de presentar listas que contengan un 30% de candidatas mujeres, pero permitiera que ese porcentaje sea reducido por renuncias a las bancas, entonces no aseguraría una igualdad real. Pues de ese modo, correríamos el riesgo de asistir a la multiplicación de candidaturas femeninas testimoniales.

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