sábado, 20 de abril de 2013

Interpelados por el #18A


La sociedad argentina - o al menos una parte importante-, ha marcado el camino de una transformación que comenzó hace un tiempo. El jueves "18A" miles de personas se manifestaron en defensa de sus derechos, de la justicia y de la Constitución. Claramente se expresaron contra la corrupción y la impunidad. Seguramente el humor social se ha visto afectado por escándalos de corrupción que salpicarían a las más altas autoridades de la Nación. Ello se suma a las vinculaciones del Vicepresidente con el caso de la imprenta Ciccone, y a la tragedia de Once. Demasiado realismo ha hundido al relato oficial.

Existe riesgo autoritario, a pesar de que pronto nuestra joven democracia cumplirá sus primeros 30 años. La degradación institucional que comenzó hace dos décadas sojuzgando a las provincias a cambio de recursos, o utilizando excesivamente los decretos de necesidad y urgencia para evitar la deliberación parlamentaria, se coronarán - si se aprueba-, con esta reforma judicial que pavimenta el camino a la “suma del poder público”, contrario al espíritu de nuestra Constitución, los derechos individuales y nuestras leyes.
Emerge un triple desafío: el primero interpela a la oposición que deberá asumir la demanda de esta hora construyendo acuerdos para enfrentar la elección de octubre y la implementación de políticas de Estado a 30 o 40 años una vez electo y asumido un nuevo gobierno en diciembre de 2015. 
El segundo apunta a la sociedad, ya que una gran parte de ella interpela a la otra respecto de la defensa de los derechos y el valor de la ley para el desarrollo personal, familiar y colectivo. 
Finalmente, hay una interpelación a la Presidente que hace poco menos de dos años fue votada por el 54 por ciento de los electores. Sin embargo, poco puede esperarse de una mandataria que cree que el Estado es ella y que demuestra no tener ni capacidad política, ni intelectual para comprender la transformación y ajustar sus decisiones de acuerdo a lo que se le demanda. La Presidenta considera a la terquedad una virtud. La historia la recordará como un rasgo determinante de su miopía y su pequeñez políticas.

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