jueves, 13 de marzo de 2014

Cuba merece democracia y libertad

El silencio y la indiferencia de los líderes de la región sobre las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Cuba es un insulto a la historia contemporánea de América latina y su lucha por consolidar la democracia y la libertad.

No existe una explicación coherente y razonable sobre la presencia del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, en La Habana. Con su silencio también avaló el autoritarismo de los Castro y la “Operación Limpieza”, descripta estos días por la bloguera Yoani Sánchez o de la que diera cuenta Amnistía Internacional.

Algo no huele bien para la democracia en la región. Hay demasiada confusión en el ambiente y una alarmante prostitución de la ‘cláusula democrática’. Ese arreglo institucional motorizado inicialmente por Raúl Alfonsín y José Sarney en 1984, fue esencial para consolidar las democracias de la región.

Hugo Chávez fue el primero en objetar la “Carta Democrática Interamericana”. Y fue Venezuela el primer país en salirse del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. “Hay que acabar con la OEA” decía allá por junio de 2012.

Antes de que algún simpatizante de la ‘Revolución’ se adelante con típicos contra-argumentos, adelanto mi oposición al bloqueo que Estados Unidos mantiene sobre la isla. Este sólo ha sido funcional al fortalecimiento del aparato ideológico, propagandístico y de terror de los Castro. Aquel sumado a las políticas del régimen, empobrecieron aún más a Cuba. Vaya también mi rechazo a toda reivindicación del régimen de Batista.

Hace casi 55 años, la ilusión de la Revolución mostró su verdadera cara rápidamente. El látigo del autoritarismo se impuso en la Cuba de Fidel y continúa intacto hasta el día de la fecha, detrás del maquillaje de la CELAC o del traje y la corbata de Raúl Castro.

En 2013, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional registró 6.424 detenciones de personas críticas al gobierno. Frente a supuestas flexibilizaciones del régimen, Human Rights Watch reveló los exilios ‘forzosos’ de decenas de presos políticos liberados en 2010 y 2011, las detenciones arbitrarias y “la posibilidad de ser procesados penalmente” de los cubanos críticos donde las garantías y el debido proceso no existen para nadie, como tampoco la libertad de expresión y prensa.

Nada bueno podía surgir de un régimen que creó el “Departamento de Lacras Sociales” cuando se desató tempranamente su ‘obsesión enfermiza del régimen contra los culpables o sospechosos de homosexualismo, calificados de “delincuentes sexuales”’, en palabras de Juan Goytisolo.

En “Mapa dibujado por un espía”, Guillermo Cabrera Infante describe con profunda congoja muertes, suicidios, persecuciones y su dolorosa salida de Cuba sabiendo que no volvería jamás. Que su testimonio y su sufrimiento - como el de miles -, sean los que guíen el tránsito de esa querida y hermosa nación hacia la libertad, la democracia y los derechos humanos.

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Columna publicada en el diario Clarín (2 de febrero de 2014). Fue editada por falta de espacio para la edición impresa.

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