jueves, 13 de marzo de 2014

Integrarnos para un desarrollo sustentable

Durante la década del ochenta, los países latinoamericanos iniciamos el camino del autoritarismo a la democracia. La integración de los países sirvió para consolidar a los nuevos regímenes políticos.

La 'cláusula democrática' era un requisito central para la integración comercial. En los noventa, la estrategia viró y fue demasiado mercantil descuidando la esencia democratizante y democratizadora.

De algún modo, ello sentó las bases para flexibilizar la integración y que la Venezuela dudosamente 'democrática' de Chávez se colara en el Mercosur, o, que se suspendiera a Paraguay con el discurso ideológico de que el juicio político a Lugo era un 'golpe de Estado' palaciego.

También empezaron a aparecer nuevas burocracias regionales que confundieron y oscurecieron el panorama. Fidel Castro junto con Chávez y su chequera petrolífera, empezaron a blanquear la estrategia de los regímenes no democráticos con la creación del ALBA.

Algunas veces Brasil, en su afán de contrapesar a Estados Unidos en el hemisferio, terminó siendo funcional a intereses antidemocráticos. Finalmente, Néstor y Cristina Kirchner terminaron siendo funcionales a todos: a Fidel, a Chávez y también a Brasil. Es difícil pedirle peras al olmo, ¿no?

La Argentina que se viene con todo después de 2015 tiene la oportunidad de cambiar y de retomar la senda de la integración racional y razonable de las Américas y el Caribe.

Tenemos todo para que Argentina sea un jugador central que cambie el clima y aclare tanta confusión. Y por suerte, tenemos aMauricio Macri que entiende cómo funciona el mundo y cuál es el aporte que tenemos para hacer sin perder la esencia y la coherencia.

Comparto este artículo de Julio María Sanguinetti en el que define muy bien por qué América latina y el Caribe están cada vez más divididos y la democracia sufre detrás de las fachadas del ALBA, la UNASUR y la CELAC.

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